Como docente especializada en discapacidad mental, llevo el arte al corazón del sistema educativo. La escuela pública es mi trinchera de amor y transformación. Integro la mirada de la payasa y la titiritera en el aula para romper barreras de aprendizaje. Creo firmemente que la educación especial no se trata de 'arreglar' lo que falta, sino de potenciar lo que hay. Utilizamos el juego, los objetos y la plástica como lenguajes universales para garantizar el derecho a la expresión y la belleza de todas las infancias.